viernes, 31 de enero de 2014

"Nosotros somos más malos que el hampa"




Terry Camilo Cortez formó parte del grupo de motorizados armados que cuidaban las marchas del difunto presidente Hugo Chávez. Así lo aseguró en una entrevista que concedió en exclusiva. Estuvo preso dos veces por homicidio. En ambas consiguió un beneficio y logró salir. Hoy Terry está muerto. Falleció, según versión de la policía, en un enfrentamiento armado. De acuerdo a sus deudos, fue ajusticiado en su casa.

Texto: María Isoliett Iglesias
Foto: Juan Toro Diez

Terry no es de los que invade espacios con una presencia que golpea. Más bien es de esas personas cuya estela deja un sabor a humildad infinita, con un ligero toque de lástima en su sazón. Es la viva estampa de Ismael, el santo de los malandros caraqueños, solo que, a simple vista, no intimida como sí lo hace la efigie del venerado. Un camuflaje perfecto para quien anda siempre armado y es el líder de un grupo de treinta hombres, todos capaces de matar. Terry Camilo Cortez es su nombre completo y tiene 33 años.

Nunca anda solo. Si no está con la treintena que encabeza, anda con cinco de ellos. Se traslada en moto a menos que esté con su esposa y su niño de seis años; si ese es el caso, entonces Terry maneja un carro humilde y sus secuaces lo escoltan. No le gusta salir de día y menos en viernes, pero como va para una zona segura, se decide y hace la excepción.

Terry no se acuerda de a cuántas personas mató y tampoco le interesa ese detalle. Sabe que fueron muchos y que por uno fue preso y por otros dos lo buscan. Pero entre esos tres, y antes, hubo más muertes y todas bajo su cañón.

Nunca ha tenido remordimientos. Me daba igual. Indiferente. Me daba de cuenta que la persona no existía. Eran azotes, robaban y cuando me decían quien era, yo iba y plo plo... Y se me borraban automático. Eso fue como un sueño. Nunca fue real. Nunca existió. Así, tranquilo y sin pudor, y con su voz gutural, habla de su andanzas delictivas.

La primera vez que estuvo preso fue por haber tiroteado a dos policías. Uno de ellos murió y el otro quedó vivo. Así que lo reconocieron, lo agarraron y lo encarcelaron. Estuve preso seis años aunque me metieron 19 y piquito por intento de homicidio y homicidio. Pero conseguí un beneficio y salí antes. A ese policía lo maté porque me tenía obstinado en la calle. Me agarraron seis meses después de haber ocurrido el hecho, cuenta sin pena.

Durante esos seis años conoció varias cárceles. Pasó por el Rodeo I y II antes de que fueran tomados por el Estado en 2011; estuvo en la extinta Planta, en el Internado Judicial de Los Teques, Yare I y Yare II. Caí preso a los 17 años. Me mandaron con un beneficio a prisión de mayores. Aprendí a sobrevivir, a que la vida de uno vale más que la vida de otras personas, es uno y no el otro que la vida no vale nada. Que uno está encerrado en un muro de concreto rodeado de puros seres vivos pero a la vez muertos. Que la persona está viva pero a la vez muerta, porque hasta por una palabra que uno diga mal se puede morir, por medio de eso es que uno aprende a conducirse.

A Terry lo apadrinaron en cada uno de los centros de reclusión que pisó. Los miembros de la Corte Negra fueron loa encargados de guiarlo. Son puro barloventeños. Como yo caí teniendo problemas en Caracas, me fui para un grupo con el  que no tuviera problemas y que además fueran amigos de mi papá.  Ellos me encaminaron. Ese era un grupo serio, el más serio del penal. No se perdía nada entre nosotros. Todos nos sabíamos conducir.

La segunda vez que Terry fue arrestado llegó directo a Rodeo II. Ocurrió poco antes de la lucha armada que protagonizaron los reclusos de ese penal y los funcionarios de la Guardia Nacional, entre junio y julio de 2011. Esta vez lo recibía un primo: Yorvis Valentín López Cortez, de 31 años para entonces, y conocido con el alias de Oriente. El mismísimo pran del reclusorio, el que mantuvo viva la guerra contra el Estado por más de 20 días y el que logró evadirse con droga, dinero y armas a cambio de cesar el fuego, lo protegía.

Terry no logró salir antes de aquella batalla campal, pero tampoco sumó cicatrices a su cuerpo mientas protagonizaban tiroteos. Unos cuantos ahogos por los embates de las lacrimógenas y nada más. Entró otra vez por homicidio y salió gracias a uno de los tantos beneficios que se repartieron como parte de una medida desesperada, que tomó en ese momento el Ministerio de Interior y Justicia, para desahogar el hacinamiento en las cárceles, pues cerraban dos sin haber construido más.

 Diecinueve años como asesino

Terry mató por primera vez a los 14 años, después que le tirotearon a un primo. Aquel joven, cuyo nombre no quiso ofrecer, era respetado en su barrio hasta que cayó en el vicio de la droga. Ahí empezaron a irrespetarlo le daban golpes hasta que un día lo acribillaron. Esos mismos malandros empezaron a robar a la gente del barrio irrespetaban a los abuelitos y nadie hacia nada así que llegué yo y me monté mi primera pistola y empecé a joder a todos los que jodían en el barrio, no solo a los que jodieron a mi primo, sino a todos. Después armamos un grupito y no nos calábamos nada con nadie. Éramos 19 primos. Tenía 13 años cuando dejé de estudiar  y 14 cuando empecé a matar.

Como si intentara minimizar sus acciones, este hombre de presencia poquita y cañones asesinos, afirma que solo una vez atentó contra policías, que los demás eran malandros. La mayoría era azotes de barrio que echaban broma en la zona de nosotros y a nosotros no nos gustaban que nos rayaran la zona e íbamos por ellos a escoñetarlos. No aceptábamos que robaran. No permitíamos que jodieran a nadie, el que lo hacía lo jodíamos, plo, plo, plo, plo lo escoñetábamos. No dejábamos que hicieran nada en la zona de nosotros. Yo robaba al que tenía. Me metía en confiterías y cargaba con 14 millones, me metía en abastos que tenían quince cajas registradoras para la zona del este, la Candelaria. Recuerda y se enorgullece.

Su primera pistola se la regaló un hombre que le decían el "Viejo Dugué", un matón que quizás por su edad no la necesitaba. Era un 38 y con esa me monté en diez pistolas más. Ni esa, ni muchas otras las tengo. Casi todas las perdí, menos una, que esa la tengo desde hace como 15 años, esa la tengo guardada, porque es un aché, una bendición.

Un padre presente

El padre de Terry no fue de esos que se fueron después de embarazar a su mujer. Al contrario. Siempre estuvo presente. Pero su ejemplo no fue el mejor. Era el líder de una banda que efectivos de la otrota Policía Técnica Judicial bautizaron como “Los Millonarios”.

Mi papá se murió. Era mala conducta. Pertenecía a una banda y la PTJ lo mató a punta de golpe. Mi mamá está viva. Somos cuatro hermanos. Uno de ellos es sanito, los otros tres sí somos mala conducta, estamos en la jugada.

Creció con la presencia de pistolas como un utensilio más en casa. Los paquetes de oro que robaba el jefe de la familia eran quizás parte del mercado semanal. Ellos robaban a la gente y lo llevaban al barrio. La banda de los millonarios... Yo miraba a mi papá y quería ser mejor que él y más malo Yo no tuve quien me orientara. Mi mamá salía a vender cobija y mi hermano mayor me sacaba a la calle y amanecíamos en la calle.

En otro “lado”

Aunque sus cañones siguen escupiendo plomo para matar a traidores, Terry siente que ahora no es como antes. Ahora está en otro lado. Ahora su grupo pertenece a uno más grande: a los Círculos Bolivarianos. Estoy más tranquilo. He querido regenerarme. He querido cambiar. Tengo un hijo que me ha hecho cambiar porque es un afecto que no había sentido antes, es lo que más uno quiere. Uno vive por ellos, uno piensa por ellos, uno piensa en darle lo mejor en que no vean la mala vida que uno llevó, que no caiga en lo que uno cayó, hasta me puse a estudiar, me inscribí en un liceo.

Pero tengo mi banda, El Colectivo. Somos un grupo de motorizados, más de 30 motorizados, todos empistolados, apoyando prácticamante la Revolución, porque esa vida de malandreo no nos lleva a nada. Lo que nos lleva es a que nos busquen, a pagar multa, a que los policías le quiten real a uno, a que lo maten en cualquier parte o lo siembren a uno... La policía mata y siembra arma así uno no ande en nada, pero para justificar el homicidio.

Ahorita andamos tranquilos, con armas, pero tranquilos. Estamos apoyando la Revolución, hemos cambiado. Nosotros somos un grupo de motorizados que apoya las marchas, que nos gusta apoyarlas, en campañas. Ayudamos a que el casco central de Caracas permanezca tranquilo o llegamos y calmamos las mareas si quieren echar broma, estamos tranquilos. La Revolución es algo bonito. Me ha ayudado. Las misiones, las ayudas, estar pendiente de otro, el ocio no nos jode, tenemos algo qué hacer. La revolución nos da algo qué hacer.

Nosotros no somos ningunos policías, ni parecidos a ellos. Tú sabes que hay malos y mala conducta, bueno nosotros somos peores que ellos. Nosotros somos más malos que el hampa. Si ellos quieren portarse mal, nosotros llegamos y los aboyamos los atropellamos y tienen que quedarse tranquilos.

Todo lo espeta sin pudor y con orgullo, como si de verdad sintiera que ahora es una persona común incapaz de cometer algún delito.

- ¿Cómo es un día común del grupo?

- Un día del grupo A veces nos reunimos y nos ponemos a beber aguardiente y nos contamos lo que hicimos en el día, nos ponemos a recordar. Vamos a marchas los días de marcha. Los fines de semana andamos por ahí echando broma nos bebemos unas cervecitas, y nos vamos a la casa. Y si hay alguno que se quiera portar mal otra vez, lo escoñetamos.

- ¿Es fácil conseguir armas?

- No es fácil conseguir armas. Esta cuesta como 15 mil bolívares. Es una glock me las regalan amigos... Hay muchas pero porque hay muchos policías en las calles y se las quitan y se consiguen...


El que a hierro mata…

Ya de Terry no se puede hablar en presente. Y no se puede porque el 7 de abril pasado murió. Los responsables de esa muerte fueron funcionarios adscritos a Eje Central de Investigaciones de Homicidios del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Ciminalísticas. Como su padre, Terry falleció en manos de policías, pero no a golpes, sino a tiros.

Las versiones de aquella muerte son dos. Una la ofrecen, sin atribuírsela, los funcionarios de la policía científica. Esa fue la que quedó registrada en los informes oficiales de ese cuerpo detectivesco. Y la otra la cuentan los familiares.

De acuerdo a los investigadores, un grupo de policías hacía investigación de campo. En la vía dieron con Terry, lo reconocieron, le dieron la voz de alto, Terry corrió, desenfundó su arma, le disparó a los policías y ellos, sin poder hacer más nada, tuvieron que responder. Como eran más, hirieron a Terry. Al caer, los efectivos lo auxiliaron y lo llevaron hasta el hospital Miguel Pérez Carreño. Consideraron que era el sanatorio más cercano al barrio donde ocurrió aquello: El Guarataro. Ahí vivía Terry con su esposa y con su hijo desde hacía años. Desde ahí giraba órdenes. Desde ahí salía con sus secuaces a las marchas y a joder cuando lo consideró oportuno.

Los investigadores argumentaron en el documento que quedó registrado en las oficinas de la policía científica, que a Terry lo buscaban por tres homicidios, pero solo estaba solicitado por uno. La orden de aprehensión que giró el Tribunal 34 de Caracas lo señalaba como el presunto autor material  de la de un hombre en la esquina Monzón, adyacente a la Plaza La Concordia. Esa persona respondía al nombre de Genaro Antonio Paladino Puglia. El hecho se registró el 23 de septiembre de 2012.

Además, a Terry se le investigaba por el homicidio de José Urbaneja Weffer. Ese ocurrió el 5 de noviembre de 2012 en la esquina de Canelo Torres, en San Agustín del Norte.

Pero los deudos de Terry tienen otra versión. Ellos aseguran que funcionarios de la policía científica lo extorsionaban para no meterlo preso por la muerte de un Cicpc. Terry pagó hasta que un día se cansó y nunca más canceló la vacuna impuesta para salvaguardar su vida. La afrenta la cobraron con tiros y muerte. Lo emboscaron en su casa en El Guarataro. Estaba solo y no pudo defenderse.

Ya será en otra vida, si es que existe aquello de la reencarnación, que Terry logre lo que tanto anheló: servir al país resguardando su seguridad. “Cambiaría todo de mi vida. Estudiando, haciendo el bien. De carajito quería ser Guardia Nacional.


1 comentario:

  1. Estimada Sra. Isoliett, la felicito por tan excelente trabajo desempeñado al reunir todas estas historias y facilitarnos el acceso a las mismas, también le quiero expresarle mi admiración por el valor de entrevistar a estas personas y en casi todas las ocaciones exponer su propia integridad. En esta oportunidad le escribo porque tuve la suerte de leer su reciente libro "Y nos comimos la luz" y al igual que en este relato, estamos en presencia de gente humilde que por muchos factores adyacentes a su condición social cayeron en mal camino, sin embargo hay algo que pude notar en casi todos los relatos que ha bien tuve leer, una especie de denominador común que me atrevería a llamarla.. "una suerte de Robin Hood" algo que me parece preocupante a los ojos de jóvenes lectores, que puedan pensar, que cometiendo un delito, pueden realizar un acto benéfico, o el simple hecho de tomar la justicia por sus propias manos escudándose de que era un "malandro o un asesino" para culminar con sus vidas. En Caracas las estadísticas de víctimas de ladrones, malandros, motorizados, drogadictos y demás, es muy alta, incluyéndome he sido víctima en 2 ocasiones y he podido ser espectador de 2 tiroteos, si bien es cierto tal cual Ud. lo denuncia en los cuerpos policiales a lo mejor hay mas delincuentes que en la calle, entonces.....quien es el culpable???? como lo solucionamos???? Por tal motivo me encantaría (y sería el primero en comprarlo) si Ud o el grupo de escritores que conforman su equipo de trabajo, sacaran a la luz pública el génesis de todos estos males que tienen a las fuerzas públicas ahogados en un sin fin de corrupción HISTORICA !!!!! se que a lo mejor es un desafío colosal el que le solicito, debido a la manipulación mediática que existe en el país, pero en algún lado se debe encender la llama que anuncie la caída de éste régimen por demás corrupto y represor. Muchas gracias por su tiempo, att. RN

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