jueves, 30 de septiembre de 2010

La otra forma de matar


Ilustración Oswaldo Dumont

Por Juan José Faría

La mujer escuchó a su nieto llorar. Eran las 2:15 de la mañana y había tomado algunas pastillas para dormir. El menor, de unos cinco años, seguía llorando aquella madrugada del 21 de agosto del 2008. La noche era igual a todas, sólo que el llanto infantil hacía eco en medio del silencio que arropaba la humilde residencia del barrio Sur América, en el municipio San Francisco del estado Zulia.

La señora salió de su cuarto para ver a su nieto, pero antes se acercó al patio. La puerta trasera estaba abierta. Unos pasos. Extendió el brazo hacia la puerta y cuando trató de alcanzarla para cerrarla se topó con algo blando y duro a la vez. Estaba colgando de un cable, con los brazos extendidos. El nudo en medio de la garganta hacía que el cadáver extendiera la cabeza hacia atrás y un viento lento y demoledor lo tambaleaba a los lados. La gravedad hacía esfuerzos para que la frente mirara al suelo, pero ésta se empeñaba en contemplar las ramas de un árbol y la boca entreabierta anunciaba a la perfección que la muerte había llegado de golpe. A la señora le fallaron las piernas. Era su hija, la menor de todos.

Todo indicaba que Yocelin del Carmen Vázquez Coronado, de apenas 26 años, se había suicidado. La joven madre, nueva profesional, siempre emprendedora y bella, colgaba esa noche, que de pronto se volvió helada, de un cable roído.

Los gritos despertaron a algunos y luego unos mensajes de texto en el teléfono le explicaban todo a aquella madre aterrada. Yocelin se había quitado la vida por los problemas que tenía con su esposo, de quien se separaba desde hacía dos meses. Le había explicado a su madre, con palabras desgarradoras, su último plan. Los mensajes también llegaron al teléfono de él, Yerlison José Miranda Olaya.

Al día siguiente todo había terminado. La joven estaba enterrada. El silencio de la familia Vázquez no hacía otra cosa que extender el doloroso luto de olvidar a un hijo y el llanto del esposo denotaba a sus allegados un remordimiento natural. Con la joven bajo tierra, no había proceso de reconciliación que salvara el matrimonio.

Dos años más tarde, aún con los recuerdos engarzados a la memoria, se supo la verdad. El 10 de marzo de 2010, una comisión de la Policía Científica del municipio San Francisco irrumpió en la casa de la familia Miranda. Era de tarde, y en una patrulla, esposado, se llevaron a Yerlison preso por el delito de homicidio intencional contra quien fuera su esposa. Había pasado el tiempo y las autoridades aparentaron siempre un total desinterés por el caso y la familia Vázquez se dedicó solo a llorar la prematura partida de la hermosa muchacha.
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Yoselin tenía 21 años cuando se casó con Yerlison. Era el primer novio que había llevado a la sala de su casa y sus constantes promesas de amor convencían a la familia de que, aunque prematuro, sería un matrimonio serio y duradero. Él, enamorado, la ayudó con sus estudios en la escuela de Comunicación Social en la Universidad del Zulia y la belleza de la joven le facilitaba su desempeño en cualquier área.

Ella no esperó su graduación para tener su primogénito. Faltaban semestres para recibir el título, pero sólo unos nueve meses para ser una madre feliz. Así que dividió su tiempo entre los cuadernos y los pañales para lograr ser madre y profesional.

La desilusión comenzó en 2007, cuando después de lucir toga y birrete se enfrentaba a la calamidad de encontrar trabajo en la Maracaibo cerrada de los medios de comunicación. Se conformó con ser la asesora de eventos de un canal regional, y se mostraba feliz al congraciarse con colegas conocidos en la región y por conocer personas a diario y mantener comunicación con nuevos amigos.

Poco después dejó el canal y se fue a una aseguradora que no le garantizaba futuro pero sí dinero. Su esposo, Yerlison, era el espectador del desenvolvimiento de su mujer en el mundo, mientras él se internaba en el taller mecánico con el que le daba de comer a su hijo.

Cuando Yoselin se operó los senos, para aumentarlos, comenzaron los problemas. La muchacha era alta y delgada, con curvas bien acentuadas. Tenía los ojos castaños. Su suave y tersa piel era del color de los crepúsculos por eso combinaba sin esfuerzos con el rubio oxigenado de su cabello. Era hermosa y siempre, mujeres y hombres tenían que ver con ella… su nueva talla en la copa del sostén la realzó todavía más… y desde ese momento, era constante cómo robaba las miradas de hombres lujuriosos y mujeres con envidia.

Para mayo de 2008, después de las prótesis, los problemas se agudizaron en casa de los padres de Yoselin, donde vivía con su esposo. El hombre se volvió celoso, iracundo y obstinado cuando la muchacha anunciaba una salida. Las semanas trajeron los insultos y éstos se convirtieron en maltratos hasta que llegó la inminente separación.

Los conflictos eran intermitentes. Él rogaba el perdón y ella se mostraba dudosa. Con el tiempo el hombre dormía de cuando en cuando en casa de Yoselin y pronto se vería de nuevo a la pareja junta.

-No sé qué pasaba con ellos. Ella se mantenía callada a pesar de todo-, contó en su oportunidad Yoleida, la madre de Yoselin, quien meses antes de hallar su cadáver colgando recibió dos tiros en la columna por resistirse al robo, aunque logró caminar después de algunas intervenciones, hoy depende de una silla de ruedas.

Ese 21 de agosto, después de encontrar a la hermosa morena enredada y colgada de una cuerda, ya de día, Yerlison había declarado en la sede de la policía científica que aunque la separación parecía no tener vuelta atrás, él había accedido a regresar con ella. Era cuestión de tiempo.

Yoleida a grito en cuello, un poco antes que la policía científica descolgara el cadáver, pedía una explicación; no entendía cómo su hija, una joven sin depresión aparente, acabaría doblegada por la sugerencia de una soga. Entonces los funcionarios comenzaron a investigar y sólo tardaron una semana para determinar los hechos.

La fiscalía 46 del Ministerio Público emitió la orden de aprehensión contra Miranda un año después del hallazgo. La autopsia había determinado que la mujer había muerto por sofocación y no por asfixia mecánica.

Los archivos policiales arrojaron que cuando los funcionarios procedieron a levantar el cadáver, el nudo del cable estaba sobre su garganta, lo que obligaba a la cabeza a inclinarse hacia atrás. En esa posición la dama habría muerto por fractura de cuello y no por sofocación.

Cuando una cuerda mata, primero fractura la tráquea y luego, de forma instantánea, evita el paso del aire. En este caso no fue así, y los funcionarios confirmaron sus dudas cuando notaron el color morado entre la boca y nariz de la dama.

Entonces, para los detectives estaba claro que se trataba de un homicidio, pero no había culpable aunque sí sospechoso. La otra evidencia delatora fue el teléfono celular. Con la autopsia se determinó que la data de muerte se registró a la 1:00 de la mañana, pero los mensajes que recibió Yoleida de su hija llegaron una hora más tarde.

Cuando se llevaron preso a Yerlison el joven juró inocencia, pero sus familiares prometieron venganza, y la familia Vázquez pidió protección al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas. Dos semanas después la fiscalía 46 del Ministerio Público le dio libertad a Yerlison desde que su defensa alegó que había elementos de convicción que lo desligaban de un homicidio. La coartada de su defensa decía que había testigos que aseguraban que Yerlison había dormido toda la noche en su cuarto y que no salió en horas de la madrugada.
Entonces los familiares de Yoselin olvidaron el miedo y lo dijeron todo más tarde: madre y padre de la muchacha fueron testigos de las golpizas que Yoselin recibía de su marido, y ella había pedido el divorcio después de haber encontrado el amor en un compañero de trabajo.

1 comentario:

  1. Aterrador el relato y de alta preocupación para los padres por la suerte de sus hijos en estos días, en dónde la carencia de valores cada vez se manifiesta con crueldad inmisericorde.
    El tema de la violencia intrafamiliar, al parecer no es internalizado aún por las mujeres, que son en su mayoría, las víctimas de la ofuscación, ceguera y actos demenciales de sus parejas, lo cual debe motivarnos a trabajar con mayor fuerza este terrible mal en nuestra sociedad.
    Sin embargo, este trabajo debe enfocarse desde luego en la formación de valores a nuestros hijos sean estos, varones o mujeres, pero que sin duda con mayor énfasis en las mujeres.
    Es abismante la cantidad de niñas o mujeres de cualquier edad que permiten hasta pequeños indicios de violencia verbal, psicológica y física de sus parejas masculinas y mientras esta situación no cambie radicalmente, estaremos leyendo en los medios de comunicación social, hechos de esta naturaleza, que hacen palpable, tristemente, la bestialidad de los hombres.
    Lo malo de esta situación, por otro lado, es que se presenta en todos los estratos sociales y económicos y al parecer, como ya nada nos asombra, la muerte sigue su marcha, sin que a la sociedad en que vivimos, al parecer le importe demasiado. ¡¡ Horrible !!
    Desde Chile, Fernando Rodríguez Guzmán

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